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©2018 -  Bruta | Comunicación Visual para Mil Grullas y una taza de té

BLENDS | ¿Con té nacional o importado?



EN LA DIVERSIDAD ESTÁ EL GUSTO.


En Argentina se cultiva té desde hace casi un siglo, y somos (o supimos ser) el quinto productor mundial de esta maravillosa planta. Un dato más: cerca del 80 % de lo cosechado en nuestras tierras se exporta.

¿Sorprendente no?


Pero hay aún más: al menos hasta 2011, el mayor comprador era The Coca-Cola Company . La marca, hoy en manos de Nestlé, sigue importando a EE.UU. nuestro té, para utilizarlo en la elaboración de su famoso Ice Tea Nestea, con distribución en todo el mundo.


Y aquí viene entonces la paradoja: si nuestro té se toma en todo el mundo, ¿por qué elegir tés del resto del mundo para hacer nuestros blends?


Simple: no todos los tés son iguales, aunque provengan de la misma planta, ni se manufacturan igual. Y principalmente: no sirven para lo mismo.


Igual que en los casos del vino y el café, en el caso del té, cada terroir (lugar y ambiente de cultivo) es distinto: las características de la tierra, la altura, la cercanía del mar, la humedad impactan tanto como la forma de cosecharlos (manual o con máquina), o la tradición y estilos en su manufactura, el tipo de secado y muchas otras variables. Esto hace que cada té tenga un perfil diferente. Tanto en sabor, color o aroma como en su versatilidad para la elaboración de blends, mezclado con otros productos de la naturaleza.


El té argentino, básicamente el té negro que es la versión más desarrollada, es el resultado de un híbrido de la variedad Assanica, que se caracteriza por ser muy intenso en aroma y sabor, con fuerte presencia de cafeína y taninos que logra mantener su transparencia y brillantez aún a temperaturas muy bajas y mezclado con grandes proporciones de azúcar u otros potentes sabores como los cítricos y las especias.


Es decir: ideal para un té helado mezclado con azúcar y limón. No por casualidad lo eligió Coca Cola


Pero, como en todo (y todos) a veces nuestra mayor virtud puede ser nuestro peor defecto.


Esa intensidad y cuerpo, esa presencia de taninos que dan una taza de color y principalmente sabor muy fuerte son una complicación a la hora de intentar combinarlo con productos más sutiles como las flores (ya sean jazmines, rosas u otras aún más suaves) o frutas de sabores más delicados como el damasco, para dar un ejemplo. ¿El resultado? Al blendear con ese tipo de productos, obtendremos un té muy atractivo a nivel olfativo pero llevado a taza nos quedará un licor (producto de la infusión) que básicamente tendrá: sabor a té.


Mientras que tal vez, un té de China, Ceylan o algún otro país de milenaria historia en la producción de tés verdes, podrá ofrecernos una base mucho más atractiva por su comportamiento en la mezcla. Más delicado, más sutil, menos invasivo.


El blend más antiguo es el típico té chino mezclado con flores y aceites de jazmines: el famoso "Té de Jazmín",  que es reconocido y consumido en todo el mundo. Ya sea en su calidad superior o más básica, nos ofrece un producto único y difícil de replicar en otras condiciones de lugar y manufactura. Otro dato: en nuestro país, desde hace muy poco tiempo, se elabora el té verde (cuya calidad es aún discutible) y aunque también se realiza su cultivo de forma manual, las técnicas de secado son muy diferentes, lo que hace que su aroma final no posea las cualidades del tradicional té chino o sus variedades japonesas.


Entonces, para no extendernos más en un tema que si da para más, pero no en esta nota intenta ser solo una aproximación, podemos sintetizar la idea en: zapatero a tu zapato y o productor a tu producto. Es decir: a la hora de elegir con que base armar un té, la condición de nacional o importado es una variable más que debemos tener en cuenta para el resultado final.


Para armar nuestros blends en Mil Grullas y una taza de té trabajamos con una gran diversidad de tés de distintos países y continentes, conscientes que las distintas "bases" que utilicemos darán resultados más armónicos y atractivos, para la vista, el olfato y por supuesto el gusto.


Y principalmente porque creemos que en la variedad (bien elegida) esta el gusto. Al menos, nuestro gusto.

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